La molécula de agua, H2O, se encuentra en la superficie de la Tierra en forma gaseosa (vapor), líquida (agua) y sólida (hielo) dentro de un rango relativamente pequeño de temperaturas del aire y presión atmosférica. Los antiguos griegos, incluidos Homero y Platón, sabían que el agua circulaba continuamente del océano a la atmósfera y a la tierra y regresaba al océano. En la actualidad los científicos saben que en la Tierra el "ciclo global del agua" está dominado por intercambios entre el océano y la atmósfera. En efecto, 86% de la evaporación global y el 78% de la precipitación global ocurren sobre el océano.
La salinidad superficial del mar (SSS) es un indicador clave para comprender el ciclo del agua dulce en el océano. Esto se debe a que en partes del ciclo del
agua la salinidad crece y en otras decrece (ver diagrama).

Los patrones de SSS globales están regidos por diferencias geográficas en el "balance de agua oceánica". Así como en los continentes, algunas
latitudes del océano son "lluviosas" y otras "áridas" como los desiertos.
En general,
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| • | Los valores más bajos de SSS ocurren en latitudes dominadas por la precipitación: regiones ecuatoriales, 40-50 grados de latitud Norte y Sur y cerca de las costas. |
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| • | Los valores más altos de SSS ocurren donde predomina la evaporación: en el centro del océano, en mares cerrados y entre 25-30 grados de latitud Norte y Sur. |
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Las corrientes oceánicas también pueden modificar los patrones de SSS transportando aguas superficiales - y sus "firmas" de SSS - a través de cinturones de latitud. La Corriente del Golfo por ejemplo, transporta agua cálida de alta salinidad de los trópicos a Europa a lo largo del límite oeste del Océano Atlántico.